El canadiense recordado históricamente por su vehemente manejo, tuvo en Jarama 1981 una de sus jornadas de gloria, aguantando por más de 50 vueltas el ataque de cinco autos rumbo a un triunfo memorable.
Por: Al Volante.cl![]()
Monte Carlo y Jarama fueron escenarios de dos impresionantes triunfos de Gilles Villeneuve durante la temporada 1981.
Gilles Villeneuve siempre será recordado entre los amantes al mundo motor como uno de los pilotos más vehementes de todos los tiempos; ese mismo estilo que lo llevó a encontrar la muerte en una desafortunada maniobra en las clasificaciones del Gran Premio de Bélgica en Zolder 1982.
El canadiense, uno de los hombres más queridos en la historia de Ferrari, no se caracterizaba por ser un piloto de porcentajes. Lo suyo iba por matar o morir.
Por más que el auto no le acompañara, el hombre de Quebec siempre iba por las tareas imposibles, aunque esto en varias oportunidades le significara terminar con los autos rotos.
Un espectacular vuelo hacia las barreras de contención en Fuji 1977 (en apenas su tercer Gran Premio en Fórmula 1) desencadenaría en que prontamente los especialistas lo llamaran como el canadiense volador.
Durante los siguientes años, Villeneuve poco hizo para rectificar su fama, sin embargo para el inicio de la temporada 1981 su manejo empezó a dar claros síntomas de madurez.
Una desastrosa campaña durante 1980, año en el que debió batallar con el pobre rendimiento de la Ferrari 312T5, tuvo efectos positivos en el canadiense, que en la adversidad mostró que también era capaz de ponerse el equipo al hombro y desarrollar un auto con carencias.
Este aprendizaje se denotó con claridad en el campeonato 81, donde ahora con el apoyo de una Ferrari 126C dotada de un poderoso motor turbo, se encargó de construir dos jornadas memorables.
Una de ellas se escenificó el 31 de mayo de 1981 en el trabado circuito de Jarama en España, justo 14 días tras su espectacular victoria en las calles de Mónaco.
Villenueve llegaba a la pista madrileña pletórico de confianza, sin embargo aún así nadie lo daba como favorito para el GP español.
La Ferrari no era una máquina que se prestara para ser competitiva en una pista tan lenta como la de Jarama, ya que a pesar de contar con el motor más potente de la categoría el chasis seguía estando muy lejos del nivel de Brabham y Williams, las dos escuderías más fuertes de la época.
Por tales razones, poco espacio había para el optimismo en el seno de la escuadra italiana.
Un séptimo puesto en clasificación dejaba a las claras que las posibilidades de Villeneuve en carreras eran bastante limitadas, pero el canadiense desde la misma partida se encargaría de torcer el destino.
Una sensacional largada desde la cuarta fila permitió que Villeneuve llegara tercero a la primera curva.
Al giro siguiente, la potencia de su Ferrari lo ayudaría a superar al Renault de Prost para avanzar hasta el segundo puesto.
Por delante sólo quedaba el campeón reinante Alan Jones, pero nada hacía augurar que la Ferrari podía superarlo.
La única opción pasaba por un error del australiano...y este llegaría muy pronto.
En la vuelta 14, y con más de 10 segundos de ventaja sobre Villeneuve, el Williams de Jones sufriría un insólito despiste que lo haría perder numerosos puestos.
La punta quedaba en manos de Villeneuve y Ferrari.
La opción de un triunfo por primera vez lucía concreta, sin embargo todavía restaban más de 50 vueltas y los neumáticos Michelin de la Ferrari empezaban a dar muestra de fatiga, algo lógico considerando los más de 40º celcius que sofocaban la pista española.
Las dificultades están presentes para todos, pero la máquina roja número 27 de Gilles parece sufrir más que sus escoltas y comienza a perder valioso terreno en la parte sinuosa del trazado.
La Ferrari 126 C2 es inmanejable en zona de curvas y cuatro autos se le vienen encima.
Jacques Lafitte (Ligier Matra), John Watson (McLaren Ford), Carlos Reutemann (Williams Ford) y Elio De Angelis (Lotus Ford) encadenan un trencito detrás del canadiense, dando inicio a un espectacular duelo por la victoria.
Villenueve parece tener sus segundos contados en punta. Su Ferrari pierde control en cada entrada a las curvas pero la pericia del canadiense para conservar el auto en la pista, sumada a la tremenda potencia del motor turbo en la recta principal le permiten conservar el liderazgo.
Sus escoltas buscaron por más de 30 vueltas cualquier mínimo espacio para sacarlo del primer lugar, pero Gilles con mente fría y sangre caliente lograría lo heroico: mantener a su Ferrari en punta y llevarla al banderazo final en el puesto número 1.
Una actuación magnífica, tomando en cuenta que por más del 60 por ciento de carrera aguantó rivales que eran 2 segundos por vuelta más rápidos que su Ferrari.
Ese era Gilles Villenueve.
Un piloto que en ocasiones cometía errores infantiles, pero que en sus días de lucidez se las ingeniaba para llevar a acoches difíciles de guiar a triunfos insospechados.
Salut Gilles. Tú leyenda sigue viva!
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